LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD

Comienzo este trabajo en una heladora mañana de Gorliz, el pueblo natal de mi madre, mi ama, el lugar donde los recuerdos de la infancia y mis primeras lecciones de vida, son más intensas. Tierra de leyendas y de historias sagradas y heréticas. Tierra de hombres y mujeres de bien, con orgullo, que caminan con la cabeza alta. Que, por encima de todo son, pero que saben estar, estando.

Cuando me encomendaron esta ponencia, dentro de unas jornadas sobre masonería y sociedad, me pidieron que aportara mi experiencia como responsable político e institucional y que ofreciese una óptica desde la Política.

Confieso que he dado muchas vueltas a cual podría ser la mejor manera de abordar este asunto. Huyo de esa especie de gusto por compilar largas enumeraciones de masones famosos o poderosos, como dando a entender que nuestra Institución es el hogar del PODER. Huyo también del empeño en retrotraerse hasta los confines del tiempo, hasta las brumas del origen del mundo. Y, por supuesto, reniego del halago propio, de la consideración exagerada de nuestra perfección, de nuestra misión salvadora y de nuestro valor corno portadores de la LUZ que guía al ser humano hasta las moradas de la dicha eterna y la piedad.

 

 

Corno también rechazo la consideración simplista de que la Masonería es una asociación sin más. Ni siquiera una ONG. O un contubernio de hombres diletantes y abúlicos a quienes les gustan los signos externos de riqueza, la pompa o los debates circulares en torno a lo divino y a lo humano.

Más bien soy de la opinión, quizá equivocada, de que nuestra augusta Institución es una escuela de ciudadanía y un método para resolver los problemas que genera la convivencia y la natural tendencia humana a la asociación.

Con estas premisas, he elaborado una ponencia que, partiendo del título, Libertad, igualdad y fraternidad, en realidad, quiere tratar de la gestión del buen gobierno y del PODER en mayúsculas. Esta ponencia presenta una única tesis

TESIS La masonería es irrelevante como Institución, en lo que se refiere al PODER, entendido como concepto y a la gestión del gobierno, entendida como función. Pero, a mi juicio, es tremendamente valiosa como método para hacer y como suma de valores para formar a quienes vayan a ostentar el poder y a ejercer el gobierno.

Permítanme que, antes de desarrollar la anterior premisa, formule una serie de consideraciones generales.

CONSIDERACIONES GENERALES

Cuando se abordan estos temas se utilizan de modo indistinto conceptos que son
radicalmente diferentes y, en algunos casos, contrapuestos. Cuando un Juez dicta una
sentencia, está impartiendo justicia y, por consiguiente, administrando justicia, pero


también está ejercitando un poder del estado. Nadie puede mediatizar el ejercicio de ese poder, ni establecer más límite que el de la propia ley.

Pero PODER y GOBIERNO son dos conceptos distintos. El PODER es un todo en sí mismo. Que se agota en él y por él y que conlleva una serie de acciones encaminadas a su salvaguarda.

Quien ostenta el poder, se defiende de las, pretendidas o no, agresiones de quienes quieren sustituirle. Por ello, gasta más tiempo que nada en detectar las amenazas y combatirlas y en analizar sus propias debilidades y procurar eliminarlas. El Poder exige ejercerlo, si no, no es poder. El que lo ostenta debe marcar los tiempos y fijar el ritmo. Cuando son los otros quienes lo hacen, pierde el poder de modo paulatino, hasta convertirse en alguien débil, fácilmente sustituible.

El PODER no precisa de ningún otro atributo. No tiene que ser justo o injusto, recto o desviado. Cuestión aparte es el juicio que nos merezca, ya sea en el terreno de la moral o, por ejemplo, de la eficacia.

Sin embargo, la gestión del gobierno es una función. Adoptar una medida inútil, es un error. Adoptar una medida impopular es una opción. El gobierno es para las cosas, para la gente, para la administración de los recursos. Quien gobierna, cumple un cometido y en función del resultado, será juzgado. Las intenciones pasan a un segundo plano. Alguien puede pensar algo y considerar que es bueno, pero si no da resultado, el juicio será negativo.

Esto se sabe y se maneja habitualmente en el mundo de la política. ¿Quien es un buen candidato para un cargo? El que gana. Quien pierde era peor o se equivocó en algo. Y sin embargo, para ejercer el poder, incluso aunque lo que se vaya a hacer, sea efímero, se. exige respetar una serie de principios y valores, porque, en caso contrario, ha sido un mal ejercicio, una mala praxis, que puede tener relevancia incluso penal.

Como decía el profesor y político Ricardo DIAZ HOCHLEITNER: el ejercicio del poder tiene una doble legitimidad: la de su origen (las urnas) y la de su ejercicio (compartir). Llamar a los ciudadanos a votar cada cuatro años, no es suficiente, hay que practicar la participación ciudadana.

Y sentadas estas previas reflexiones, vamos a desarrollar la Tesis. Para ello tornaré el enunciado de la ponencia y comenzaré a la inversa.

FRATERNIDAD

Este concepto del trinomio revolucionario es, sin lugar a dudas, el más relevante en el terreno de la acción política. Para un masón, fraternidad es una idea asociada a otra como es universalidad. Es lo que en política, algunos llaman solidaridad internacional.

El argumento que voy a desarrollar, es fruto de muchas reflexiones, pero sin lugar a dudas, la mejor parte de una exposición magistral de mi admirado Patxi LANCEROS. Profesor de filosofía en la Universidad de Deusto y una de las personas más inteligentes, buenas y generosas que he conocido. En la presentación de su libro POLITICA MENTE, así separado, el también filósofo Imanol ZUBERO, vasco como el


anterior y profesor de ética en la Universidad del País Vasco, decía que le había llamado enormemente la atención, con no poca desazón, la idea expuesta por LANCEROS según la cual, el mundo moderno ha desterrado la universalidad de la FRATERNIDAD, reservándola a pequeñas fraternidades grupales. O lo que es lo mismo, que se ha sustituido la fraternidad universal por una solidaridad de los propios.

Para entendernos, quien ejerce la solidaridad frente a terceros es quien marca los límites. Y lo hace en base a sus propios intereses. Intereses muy entendibles en algunos casos, pero siempre discutibles.

¿Qué aporta la francmasonería a este respecto? La idea primera de la universalidad.

Los lazos entre los hombres son sagrados y generan unos vínculos que superan cualquier interés particular por loable que pudieras parecer a primera vista. No quedan, pues, los límites en manos del que tiene, frente al que no, sino que pasan al terreno de la JUSTICIA distributiva.

Este concepto que se enseña en cualquier logia, es imprescindible para formar hombres rectos, de juicio sano y moral estricta. Personas en suma, que tengan eso presente cuando vayan a ejercer el gobierno y que se empeñen en obtener aquello que es justo, frente a lo que es aparente.

El debate de los límites de la solidaridad queda así enmarcado en un ámbito en el que la voluntad del gobernante debe mirar a la totalidad y no sólo a los propios, al clan, a la tribu.

IGUALDAD

Siendo muchas las facetas que abarca esta idea general, voy a detenerme en la que me parece más clara y que no es otra que la Tolerancia.

Vivimos momentos convulsos que hacen resquebrajar principios que considerábamos inmutables hace algún tiempo. Recuerdo en mis años de colegial, que creíamos que España no era un país racista. Nos escandalizaban las películas en las que, en USA, maltrataban a los negros o les hacían ir de pie en los autobuses, mientras los blancos viajaban sentados. Considerábamos intolerables las imágenes del "apartheid".

Sin embargo, cuando leía a Unamuno con su genial "recuerdos de infancia y mocedad" o los textos de nuestro hermano Tomás MEABE, fundador de las Juventudes Socialistas y comprobaba que lo que se decía de esos negros, era más o menos lo que se había dicho en mi tierra, Euskadi, de quienes venían de Andalucía, Extremadura o Castilla, al encuentro con las empresas siderúrgicas de la Margen Izquierda del Nervión, comprendías que el racismo y la xenofobia, eran los exponentes más evidentes de la ausencia de un principio humano básico, corno es la tolerancia.

Voy a relatarles un asunto que me tocó lidiar ante la general incomprensión, incluso de algunos de mis propios compañeros de filas. Un destacado dirigente político de la villa, se encontraba feliz por haber sido capaz de organizar una actuación policial, con varios cuerpos actuando al unísono, en el que habían sido identificados unos cincuenta inmigrantes en situación irregular. La pregunta inevitable era si lo habían sido en el


marco de una operación policial frente a la comisión de alguna clase de actividad delictiva. Y la respuesta fue sorprendente: "ninguno ha cometido delito alguno, ni ha sido detenido por sospecha de cometerlo, sino sólo por su condición de sospechoso de situación irregular". Cómo sabían los policías tal cosa, cómo se elabora una sospecha así, no daba lugar a respuesta concreta, sino a vaguedades.

Al final, relució la verdad. Los agentes recibieron una orden —por supuesto verbal- de interceptar personas de determinadas etnias y requerirles la documentación. Omito decir que una gran parte de la ciudadanía, a la que previamente se le había expresado por activa y pasiva, la relación entre delito e inmigración, siempre de manera subliminal claro, aplaudieron aquella operación. Y de nada sirvieron las quejas del Ararteko —defensor del Pueblo en Euskadi- o las del PSE-EE de Bilbao. El político en cuestión fue encumbrado a los altares del éxito y la popularidad.

Pondría otros tantos ejemplos, pero excede con mucho del marco de este trabajo.

No quiero abordar en esta ponencia el debate nacionalista, aunque creo que es algo semejante. Al fin y al cabo, la tolerancia es admitir la pluralidad de las ideas y la diversidad de los sentimientos de pertenencia. Y cualquier apuesta por la uniformidad, es renunciar a la tolerancia.

Por ello, el método masónico para defender la convivencia entre diferentes es una enseñanza muy potente en estos momentos. Y cualquier persona que haya vivido la pluralidad y la diversidad en el seno de una logia, y la ha disfrutado, es capaz de asumir un gobierno y predicar y practicar la virtud de la tolerancia. Porque tendrá claro que no hay VERDAD, sino verdades. No hay RAZA o ETNIA sino seres humanos.

Permítanme un viejo chiste de un pastor luterano que andaba buscando adeptos para su causa entre los desafectos de la religión católica y topó con un hombre que no acudía al sermón de los domingos y que despotricaba del sacerdote del pueblo. Tras tentarle y hablarle de las excelencias de su religión, el hombre le responde: " No creo en la católica, que es la verdadera, para creer en la tuya".

Creo que la práctica de la tolerancia y el destierro del fanatismo es una de las virtudes masónicas más acendradas. Y debemos extremar nuestra postura en este momento en que las ideologías ultraconservadoras y los odios raciales y religiosos se apoderan del corazón de Europa y del mundo.

LIBERTAD

He dejado para el final esta primera expresión del trinomio, por ser un elemento central en mi vida y donde el método masónico más me ha ayudado. Para mí, el concepto de libertad está indefectiblemente unido al de conciencia. Es más, creo que deben unirse ambos en la expresión libertad de conciencia.

En mi País Vasco de mis amores y de mis desvelos, han pasado cosas terribles. La más horrorosa de todas ellas ha sido, sin lugar a dudas, el terrorismo. ¿Cómo se afronta algo así desde el terreno de la política? Ha sido algo muy debatido en mi Tierra, y lo sigue siendo. Yo voy a contar mi experiencia personal y cómo lo abordé y procuré resolverlo.


En 1999, cuando elaborábamos la lista al Ayuntamiento, conversé con un compañero, en la actualidad aprendiz masón, que en aquel momento iba a ser padre de una niña, que hoy es una preciosa joven de dieciséis años y que me dijo estas palabras "si renuncio a ir a la lista por miedo, ¿a qué mundo, a qué ciudad traigo a mi hija?. Vale más que me marche". Fue toda una declaración de principios y una apuesta tremenda por la Libertad.

Yo me debatía entre sentimientos semejantes. Con una niña de tres años. Cuando ETA anunciaba que rompía la tregua y volvía a asesinar, tuve un serio problema de conciencia que resolví gracias al método masónico, ordenando las prioridades y que me llevó a ingresar en la orden.

Debo decir que fue un problema de conciencia que supongo que se dará en muchos otros ámbitos y que creo que pude superar, aunque las dudas siempre han estado presentes en mi interior. Opté por asumir el acta de Concejal y representar a mis vecinos y vecinas, sin dar nunca importancia al hecho de tener mi vida amenazada de muerte por una banda terrorista. Y sin utilizar esa amenaza como argumento de valor en la defensa de mi propuesta socialista. Yo soy socialista por convicción y mis ideas son las que defiendo, porque creo en ellas, no porque ETA me tuviese entre sus objetivos.

Con la perspectiva de los años, creo que acerté en mi elección y agradezco al método masónico que me ayudase a mantener mi convicción durante todos esos ominosos años de plomo.

Voy a concluir leyendo la "plancha" que presenté en mi Logia simbólica y que también elaboré como "balaustre" en mi Capítulo del Supremo Consejo, haciendo honor, pues, a las dos instituciones que organizan este encuentro.

Este trabajo llamado "dolores de conciencia", fue el texto que leí en mi despedida corno Concejal en el pleno del Ayuntamiento de Bilbao.

Hace más de once años, un mes de mayo de 2000, recibí la orden de somete

rme a una vigilancia permanente, como consecuencia del horror terrorista que vivía mi País. Yo había pasado a ser objetivo de la Organización Terrorista ETA debido a mi militancia política y a ocupar un escaño en el Pleno del Ayuntamiento de Bilbao, como Concejal.

Tras reunirme con quienes se iban a convertir en mis compañeros inevitables de viaje, tuve que enfrentarme a mi hija de cuatro años, a quien tenía que contarle mi nueva situación. Pensé en cómo explicárselo, sin que ello supusiera un problema para mi ser más querido. Y al final, me incliné por restarle trascendencia. Dada mi condición, iba a disponer de un coche oficial y dos policías de acompañamiento. Le dije.


Situaciones semejantes han vivido muchas otras personas en esta tremenda Tierra nuestra. Y lo primero que se me planteaba era un problema de conciencia. ¿Tenía yo derecho a hacer pasar a mi hija, a mi familia, a mis amigos, a mis seres queridos en definitiva, por este trance? Es más, ¿tenía yo derecho a tomar la decisión libremente? ¿No era mejor renunciar y evitar así un seguro peligro para sus vidas?

El problema de conciencia era más que evidente. Aún sueño con la mirada de mi hija aquella tarde. Aún resuenan en mí sus tiernas palabras. Y tengo que confesar que aún no tengo clara la respuesta que di y la decisión que adopté. Es algo que llevo en mi interior, en lo más hondo de mi corazón.

Fueron dos personas quienes despejaron, al menos en parte, mis dudas o mejor, mis sufrimientos, mis "dolores de conciencia" —si es que este término es utilizable-. La primera fue la intervención de un político vasco a quien admiro — Txiki Benegas- quien en una conferencia en la Casa del Pueblo del PSE-EE en Rekalde usó la expresión desistimiento. Afirmó que el objetivo de la banda terrorista —de ETA en nuestro caso, pero por extensión, de cualquier movimiento intolerante- no era otro que provocar el desistimiento de quienes concebimos la sociedad como un espacio de convivencia.

En consecuencia, renunciar a mi cargo era desistir. Y eso tendría consecuencias fatales. También para mi propia hija a la larga. Y eso enlaza con la segunda persona. Un gran amigo, Juan Carlos —permitidme que mantenga su apellido en el anonimato de los héroes- a quien se le había planteado un dilema semejante poco antes y por mi causa, entre otras.

Se encontraba en una situación parecida. Y tras mucho meditarlo y consultarlo con su esposa, llegó a la conclusión de que su renuncia era peor que correr el riesgo. Lo resumía en una pregunta. ¿Cómo será el país, el mundo, al que traigo a mi hija, donde los hombres de bien renuncian por miedo? ¿Qué clase de lugar es éste al que traigo a una persona? Voy a luchar por vivir donde quiero que vivan mis hijos.

Hoy estamos en paz —o casi- Y acabo de renunciar a mi cargo de Concejal. Miro atrás y quiero pensar que he hecho lo correcto. Puedo mirar a los ojos de mi hija y sostener su mirada. Mereció la pena el sacrificio y espero que nadie más tenga que sufrir así. Dentro de poco nacerá un nuevo miembro de mi familia. Su padre o su madre, no tendrán que decirle que van a vivir con escoltas por precaución frente a una Organización Terrorista. Espero que ese niño sea feliz, que estudie en los libros de historia lo que hemos vivido y que cuando piense en estas cosas, entienda que hicimos lo correcto. Y que lo hicimos también por él.

HE DICHO

Txema Oleaga Zalvidea.

 

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